dijous, 2 de juny de 2016

Los espectáculos de toros: De la taurocatapsia a los taurocentae.

El toro siempre fue respetado y venerado en el Mediterráneo. Muchos son los mitos clásicos que apelan a su fuerza y poder. Europa sólo pudo ser secuestrada por un bravo, fue necesario construir un laberinto para encerrar al Minotauro para proteger de su furia todo un reino. Sin embargo ya intuimos su gran carencia de inteligencia, de astucia. Solamente fuerza bruta. Para este animal fue mala suerte que el hombre desde siempre le haya gustado medirse con y por la fuerza bruta.


Marcial. Epigramas. 299 este Hércules era un venator del espectáculo.


En estas líneas no pretendemos buscar el origen clásico de las corridas de toros, pero reconoceremos elementos de las corridas actuales; rejoneador, banderillas, capote y como no, la inevitable muerte del toro. Hoy buscaremos dichos elementos de contacto, de continuidad con unas costumbres, espectáculos y gustos que generalmente no consideramos propios del siglo en que vivimos. A título personal no puedo evitar reflexionar sobre los últimos juegos gladiadores de Roma del s. IV, en una ciudad cristiana, en un estado cristiano, donde la muerte de personas era todavía un espectáculo, aunque ya no fuese propio de su credo; sin embargo seguían disfrutando con ello. Reflexiono al respecto al ver cada imagen de toreo, como también cuando escribo las descripciones de las cacerías y luchas de animales en las arenas de los circos romanos. Sufrimiento y sangre son los ingredientes de la receta, la misma receta: la de la diversión. Simplemente me gustaría pensar que el toreo actual, como la receta del garum, estén destinados al olvido.

Para empezar hay que aclarar que no todos los historiadores están de acuerdo en creer que el origen de las corridas de toros se deba a los espectáculos de las cacerías (venationes) en los antiguos circos romanos. En dichas ocasiones los cazadores o bestiarii se enfrentaban a todo tipo de animales peligrosos; osos, jabalíes, leones.

A menudo los toros se enfrentaban a otros animales menos peligrosos que los humanos: elefantes, osos o rinocerontes, incluso eran atados entre sí para que no pudiesen evitar la lucha, según nos asegura Séneca.

Mientras un trabajador del circo azuza la lucha del oso y el toro, otro presenta un condenado a las fieras.













El juego con el toro no fue siempre sangriento, al fin i al cabo la taurocatapsia, o salto sobre el toro ya se practicaba siglos antes en el Mediterráneo oriental como nos muestran las pinturas de Cnossos hacia el 1.500 a.C. pero también un relieve de Esmirna y diversas monedas tesalias. Los atletas se apoyaban en los cuernos de los toros en el momento de la embestida, saltaban sobre el lomo de la fiera y caían detrás de ella, donde un segundo atleta los recogía para impedir que cayesen al suelo.

Algunas deidades eran veneradas en Grecia con fiestas y juegos taurinos, como Poseidón en Éfeso, combates o carreras de toros en honor de Neptuno se celebraban en Ancyra, y luchas de toros en honor de Zeus había en la ciudad de Larissa. Las personas que intervenían en estas luchas taurinas estaban equiparadas socialmente a los gladiadores. En esta península además había cacerías de toros con redes.

En Italia, los etruscos también desde muy antiguo celebraban juegos como nos muestra un vaso de cerámica conservado en el Museo Arqueológico de Florencia. A finales de la República llegan estos espectáculos a Roma nos asegura Varrón y César autorizó por vez primera, según Plinio, la taurocatapsia tesalia. Es Marcial quien nos legó en sus epigramas diversas escenas e impresiones sobre las corridas de toros en los anfiteatros.

Marcial. Epigramas.








Pero el gusto por el espectáculo en la Roma era siempre sangriento. Para empezar el espectáculo se presentaba al astado un maniquí de paja para que lo cornease y si ello no bastaba para espabilar a la fiera, los taurocentae les quemaban la piel con antorchas o les clavaban lanzas cortas. En la arena los hombres tenían que medir sus fuerzas con las del astado apostando su sangre y la del animal, en aras de la diversión de masas.


Mosaico de Teneta di Torre Nova

La técnica de combate que apreciamos en el mosaico de Teneta di Torre Nova (única escena completa conservada de este tipo) consiste en frenar el ataque del animal con una larga lanza en un ejercicio de fuerza y destreza donde el hombre no goza de protección alguna.


Mosaico de Bad Kreuznach



En el mosaico de Bad Kreuznach se aprecia a un personaje en actitud victoriosa frente al toro al que ha dado muerte clavándole un asta en la cruz del lomo. El venator lleva en la mano el trapo con el que se provocaba el ataque de las fieras.









A mediados del siglo III, Galieno presentó un toro enorme en el amfiteatro, al que el venator no pudo matar después de diez intentos. Galieno, irónico y burlón a pesar de todo, celebró el gran espectáculo conseguido otorgando una corona al cazador porque, como dijo: "Es difícil no matar a un toro intentándolo tantas veces."


Marcial. Epigramas.

En ocasiones los bravos no eran las víctimas sino los primeros cristianos, la Historia Eclesiástica nos relata algunos ejemplos como el caso de Santa Blandina; “despues de los azotes, tras las dentelladas de las fieras, tras la silla de hierro al rojo vivo, fue finalmente encerrada en una red y soltaron contra ella un toro bravo, que la lanzó varias veces a lo alto. Mas ella ya no se daba ya cuenta de nada de lo que se le hacía…” si bien sabemos que el texto de la Historia Eclesiástica solía ser exagerado y nada imparcial respecto a las estructuras de poder paganas del imperio, otros textos y algunas pinturas también apuntan a probar la existencia este tipo de imaginativas ejecuciones.


Dos partícipes del espectáculo son corneados.


Marcial. Epigramas.

BIBLIOGRAFÍA

"Venationes" y juegos de toros en la Antigüedad.
José María Blázquez Martínez.
Zephyrus (Ediciones Universidad de Salamanca) 13, 1962, 47-65.

Cacerías y juegos de toros en la Antigüedad.
José María Blázquez Martínez.
Historia 16, nº 139, 1997, 149-161.


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