divendres, 26 d’octubre de 2018

Pompeya. Protagonistas y preludios.


La efemérides que conmemoramos hoy es de las más célebres del mundo antiguo, la catástrofe natural que nos legó una de las joyas de la arqueología. Las cenizas del Vesubio enterraron y preservaron durante siglos muchos yacimientos de su zona, siendo siempre el más famoso, la ciudad perdida de Pompeya. Una cápsula del tiempo que nos ha proporcionado inmensa información sobre la vida de los antiguos romanos. Pero antes del hallazgo arqueológico contábamos con documentación escrita, fuentes de primer orden. Las cartas de Cayo Plinio Cecilio Segundo, Plinio El Joven, abogado, escritor y científico de la antigua Roma.

 Plinio El Joven, siendo niño Plinio perdió a sus padres, fue adoptado por su tío Plinio el Viejo, quien lo mandó a estudiar a Roma, con profesores como Quintiliano (véase link X). Comenzó la carrera de leyes dos años después de la erupción, creciendo su reputación en este campo muy rápidamente. Su cursus honorum terminó siendo impresionante y no cabe en estas líneas. Sus cartas aconsejaron al emperador Trajano a causa de como juzgar y tratar la acusación de cristianismo, pero otra de sus cartas es la que hoy nos interesa, una de las primeras, una de su juventud, cuando con 18 años fue testigo de la erupción que terminó con la vida de Pompeya. Su descripción del fenómeno fue considerada fantasiosa durante siglos, pero finalmente los estudios arqueológicos y volcánicos, no solo dieron validez a su testimonio, sino que terminaron por definirlo como erupciones plinianas.  Estas cartas estaban dirigidas a su amigo Tácito, uno de los grandes historiadores romanos, para darle una visión cercana y veraz de la muerte de su tío.

 


Gayo Plinio Segundo, más conocido como Plinio el Viejo, fue escritor, naturalista y militar. En su juventud y bajo la influencia de Séneca, llegó a ser un estudiante apasionado de la filosofía y la retórica y comenzó a ejercer la profesión de abogado. Tras una exitosa vida militar el emperador Vespasiano le consultaba a menudo y le nombró prefecto de la flota romana en Miseno. Hombre curioso y observador, fue autor de tratados de caballería, una historia de Roma y varias crónicas históricas hoy perdidas. Es su obra más famosa y destacable la monumental pero inconclusa Historia Natural. Fue precisamente su ansia de saber, su curiosidad y su pasión por registrar para la historia los eventos excepcionales, lo que le llevó a los brazos de la muerte por una insuficiencia respiratoria en las playas de Miseno tras intentar auxiliar a las víctimas del Vesubio de la fecha que hoy nos ocupa.







Cornelio Tácito fue historiador, senador, cónsul y gobernador. Pero en realidad sabemos poco sobre su vida. Otra carta de Plinio El Joven (7.20) destaca la amistad excepcional que los une y el paralelismo de sus actividades. A la vez informa de cómo él, Plinio, era un jovenzuelo cuando ya Tácito disfrutaba de renombre. Una anécdota que narra Plinio (Cartas, 9.23) hace pensar que sus orígenes no eran itálicos, sino provinciales. Tácito se dedicó a la historia en su madurez después de una prospera vida política, cuando tras la muerte de Domiciano se sintió libre para expresar sus ideas. Las Historias y Los Anales son sus obras históricas más destacables, fundamentales para el estudio de la historia de Roma. Desgraciadamente el relato de Tácito respecto al desastre del año 79 se ha perdido.






La antigua ciudad de Pompeya fue construida en la Campania, en una planicie muy fértil que proporcionaba 3 y 4 cosechas al año (espelta, trigo, mijo, frutas hortalizas). Famosos eran también los vinos de Falermo, aunque el vino de Nápoles no destacaba por su calidad. En época imperial la ciudad se transformó en un importante punto de paso de mercancías que llegaban por vía marítima y que eran enviadas hacia Roma o hacia el sur de Italia siguiendo la cercana Vía Apia. Tuvo fama de ser una de las ciudades más lujosas de Italia y llegó a contar con 66 hectáreas de extensión, de las que se han excavado 1/3 parte.
  


Terremoto del 63 d.C. fue fuerte y con muchas réplicas. Estudios comparativos aseguran que no fue el único, que durante los meses anteriores a la erupción los movimientos de tierra debieron ser severos. En el año 63 Fueron muchos y bien documentados los daños de diversa consideración y no todos fueron resueltos antes de la fatídica erupción de año 79. Uno de los factores que retrasaría las reconstrucciones era que Pompeya no contaba con suficientes materiales, ni mano de obra para afrontar todos los destrozos.
Actualmente el Vesubio es un volcán durmiente, como los volcanes-lago de Nemi o el Lago Albano. A diferencia del Stromboli y el Etna que siguen activos. Los dos conos de su perfil actual pudieron aparecer en el 79.

Séneca i Plinio El Viejo se interesan por los volcanes, pero no identifican al Vesubio como tal porque en el 79 el Vesubio llevaba 700 años sin erupcionar. Estrabón (Geógrafo griego del s. I a.C.) ya se hizo eco de lo podía ser en realidad aquella montaña:

 [...] el monte Vesubio está colonizado en derredor por tierras de cultivo muy hermosas, salvo en su cima, plana casi toda e improductiva; por su aspecto parece ceniza y muestra unas grietas que se abren como poros en la superficie, como si las hubiera consumido el fuego. [...] Se podría conjeturar que, en otro tiempo este territorio fue pasto de las llamas, que albergaba cráteres de fuego y que el fuego acabó por extinguirse por falta de madera. Quizás esta sea la causa de la fertilidad de su entorno, como en el caso de Catania, donde la parte recubierta de ceniza procedente de las ascuas arrojadas por el fuego del Etna ha producido una tierra muy favorable para la vid.
Estrabón, Geografía v.4.8




  Vitruvio y Diodoro Sículo escribieron también sobre ello, este último aseguraba que la Campania antiguamente era denominada La Feroz. Seguramente la riqueza que proporcionaba la fertilidad de sus vertientes era atractivo suficiente para ignorar cualquier estudio histórico o geológico.
La temible y fascinante erupción  empezó entre las 23 i 24 horas del 23 de agosto con una pequeña explosión de gas, la lluvia de ceniza se inicia al este del volcán. A media noche se alza una columna de  gases y piedra pómez de 15-30 Km de alto, desarrollando la “forma de pino” que describe Plinio. La oscuridad se ciernes sobre las ciudades cercanas al Vesubio.

La próxima entrada del blog estará dedicada a los indicios arqueológicos que podrían cambiar la fecha tradicional de la erupción, al 24 de octubre del mismo año 

La historiografía tradicional y los estudios arqueológicos nos indican que a las 4 y las 6 de la mañana del día 24, los materiales de la columna eruptiva empiezan a caer incluso en Estabia caen 15 cm de ceniza a la hora. Los tejados de Pompeya empiezan a ceder bajo el peso, las calles son intransitables. La lluvia volcánica es pobre en Herculano, pero los terremotos son más terribles.
Desde las 6 de la madrugada la columna de gases y piedra pómez, ya saturada, es incapaz de sostenerse, causando una serie de corrientes por oleadas, de materiales y gases incandescentes que se desplazan a increíbles velocidades que barren el sur y el este del volcán.
La primera oleada entierra Herculano bajo 3 m de ceniza. Antes de las 7 la segunda oleada deposita sobre la misma ciudad 1,5 m más. Casi inmediatamente la tercera alcanza la Puerta Herculana de Pompeya. Entre las 7:30 y las 8 se suceden tres oleadas más. La cuarta alcanza temperaturas de 400 grados barriendo el interior de Pompeya, la quinta y sexta cubren la ciudad bajo 60 cm en el sur y 1,80 m al norte. La sexta y última llega hasta Miseno. Pompeya desapareció prácticamente en su totalidad cambiando absolutamente todo el paisaje. Recordemos que la costa actual dista más de un kilómetro del puerto del siglo I.

 Tras la erupción el Emperador Tito se desplazó a Campania para organizar las labores de ayuda. Las propiedades de los que murieron sin testamento fueron donadas a un fondo de ayuda. Los supervivientes huyeron a Nápoles, Sorrento y Capua donde recibieron privilegios como compensación. Uno de los distritos e Nápoles pasó a llamarse Regio Herculanensis.

Una comisión senatorial desestimó la posibilidad de reconstruir la ciudad de Pompeya y dio por perdida Herculano bajo 23 metros de ceniza. La economía de la zona tardó años en recuperarse, sobretodo la vinícola. El recuento arqueológico actual sitúa 26 de 39 villas romanas bajo las cenizas de esta erupción.

LAS OTRAS ERUPCIONES:

203. Se escuchó a más de 30 km

472. Erupción pliniana, no tan grande como la del año 79. La tradición dice que la ceniza llegó a toda Europa

512. Erupción pliniana, menor pero grave, ya que Teodirico el Godo eximió a los habitantes del Vesubio el pago de impuestos.

787, 968, 991, 1007, 1036.

1139. Se inicia un periodo de tranquilidad que permitió la recuperación agraria.

1631. Una serie terremotos concluyeron con una gran erupción pliniana. 30 cm de ceniza cayeron sobre Nápoles y una roca de 24 toneladas cayó a 5 km de la montaña (murieron 3.000 personas).

1631-1944. Se contabilizaron un total de 21 erupciones

1944 la flota aliada evacuó 5.000 personas y los bulldozers tuvieron que despejar las carreteras. En este año es clasificado como volcán durmiente. Si estallase de nuevo afectaría ahora mismo a 3 millones de personas.





dijous, 4 d’octubre de 2018

LOS LUGARES OSCUROS DEL FORO ROMANO


Las líneas de hoy vienen a acompañar y complementar la última entrada dedicada a las aguas subterráneas del Foro. De hecho, nos pareció que obviar los elementos que comentaremos seguidamente sería una lástima, y que nuestro lector se merecía conocer el resto de los lugares secretos a los turistas habituales.

Conocemos bien la concentración de templos en el Foro republicano de Roma. Estamos familiarizados con los altares “de los altos dioses de arriba” situados frente a sus templos. Sabemos que los juramentos ante Júpiter, patrón de los acuerdos y tratos, se realizaban ante sus ojos, nunca bajo techo, nunca en la oscuridad. Pero no todos los rituales y dioses eran merecedores de la luz del astro rey.

Hoy trataremos algunos cultos ocultos y antiguos enterrados bajo la plaza más digna del mundo antiguo, pero también otros lugares tétricos y horribles, y acabaremos Dii meliora velint, “alabados sean los dioses”, con una curiosidad arqueológica desconocida por muchos.

Niger lapis



Este lugar de malos presagios se sitúa en el centro de la antigua curia republicana (principal lugar de reunión de la más alta política). Este negro empedrado, obra de Lucio Cornelio Sila (138-78 a.C.) se realizó para nivelar de nuevo toda la plaza y no perder de vista este sacro y antiguo lugar. De hecho, existen 7 niveles sucesivos de pavimentación.

Esta pequeña parcela frente al arco de Septimio Severo esconde el borde de un estanque, y un espacio de gradas con un antiguo altar trapezoidal (del s. VI a.C.) que conserva un bloque de piedra excepcional. En dicho bloque encontramos la inscripción romana más antigua de la historia romana. Es una inscripción bustrofédica, o sea, que está grabada de derecha a izquierda y al revés a líneas alternas, seguramente por motivos rituales o de culto. Aunque se trata de un texto fragmentado, parece referirse a una ley inquebrantable incluso para el propio rey. Se supone dedicado al dios Vulcano, por la estrecha relación que unía a los dos personajes. Recordemos que, durante la Diarquía, Rómulo construyó un templo en su honor.


 Es considerado un lugar infausto, maldito a los violadores de lo sagrado; algunas leyendas lo explican asegurando que aquí fue asesinado Rómulo, otros porque aquí yace su cuerpo. En verdad ya ha sido excavado en varias ocasiones, la última en 2017, y nunca se han hallado restos tan nobles.


Prisión Mamertina


Esta mazmorra está situada al oeste de la curia, al otro lado del arco de Septimio Severo. Bajo la actual iglesia de Giuseppe dei Falegnami, pero no se trata de un lugar cualquiera dentro del recorrido de los desfiles triunfales por la Vía sacra. Era un lugar de parada importante antes de emprender la subida al capitolio. Aquí se encerraba a los principales enemigos vencidos de Roma antes de su inminente ejecución.

En su entrada, todavía hoy puede verse una inscripción del siglo I d.C. en travertino, con los nombres de algunos de los moradores más famosos de este lugar. Sin embargo, la prisión es probablemente del s. VI a.C. 

La celda superior, de forma trapezoidal, era seguramente solo una de las muchas que estaban excavadas en el interior de la colina, aprovechando antiguos agujeros de cantera de piedra. Pero quizás se tratase de una cisterna, debido a la planta circular de su segundo nivel.
El nivel inferior, originalmente circular y de 7 metros de diámetro, era accesible solamente por un agujero irregular en su techo. En su centro había un desagüe del que hablaremos al final. Actualmente se accede por una escalera moderna.


En ella sucumbieron numerosos enemigos del Estado como Yugurta, Sejano o Vercingetórix, aquí fueron estrangulados hasta la muerte, según la ley. Para otros era un lugar donde temer la ejecución desde la Roca Tarpeya. Según la tradición bíblica, aquí pararon también los huesos de San Pedro y San Pablo.

El escritor romano Salustio describe la celda hacia el año 40 a.C.:

en la prisión hay un lugar llamado Tullianum, de unos 12 pies de profundidad, totalmente cercado por fuertes muros y una cúpula de piedra. Su aspecto es repugnante y terrible a causa de su abandono, oscuridad y hedor”.

El nombre Tullianum podría derivar del nombre del sexto rey de Roma, Servio Tullio, quien construyó aquí una primera cisterna, pero también podría tener su origen en la palabra tullius. Tullius en su acepción de “manantial”, ya que el agua desaguaba a través de él. Este pequeño pozo mencionado anteriormente, tras superar una puerta metálica, terminaría dirigiéndose a la Cloaca maxima. Las leyendas negras que alimentan estos lugares afirman que por aquí se deshacían de los cuerpos ejecutados, anécdota absolutamente falsa.

También era y es conocida como prisión mamertina, tomando este nombre de la antigua deidad sabina Mamers, divinidad de la guerra, vinculada posteriormente con el dios Marte.

Umbiculus mundo


Al pie del Capitolio, frente a las columnas del templo de Saturno y situado frente a la columna miliaria de bronce dorado (que lamentablemente no se ha conservado) hallamos todavía hoy el centro del mundo, el umbiculus mundo. Este guardaba un templete dedicado a un dios subterráneo, cuya primera piedra fue instaurada por Rómulo; la primera piedra de Roma.

Desde el siglo I d.C. Plutarco nos narra que Rómulo consultó a los sabios etruscos. Estos dieron las pautas del ritual, que consistía en introducir en la fosa las primicias de todo lo útil y necesario según la naturaleza, más un puñado de la tierra de origen de todos los presentes. Así, más tarde, se justificaba su poder sobre todo el territorio, pero en un primer momento se determinaba cual era el centro de la ciudad, para establecer también su perímetro.

Galerias gladiatorias


Si abandonamos la Vía Sacra hacia el oeste, caminamos frente al templo de Saturno, cuyos oscuros y secretos almacenes guardaban la riqueza que la capital entregaba a sus dioses. Cerca, la columna de Focas, entre la rostra y el Lacus Curtius todavía podemos ver unos agujeros, pozos en el pavimento. Los estudiosos los han estudiado e identificado como un sistema de túneles bajo el Foro, usado durante los combates de gladiadores. Estas galerías fueron clausuradas en tiempos de Augusto, cuando se construyó el anfiteatro de Estatilio Tauro en el Campo de Marte. Por ellos corrían los tramoyistas, se mantenía a las fieras, se guardaban las escenografías y armas; mientras que por los ascensores subían y bajaban todos los elementos para mantener vivo el espectáculo. Un claro precedente de lo que sería más tarde el mundo subterráneo del Anfiteatro Flavio.




BIBLIOGRAFIA


 



dilluns, 17 de setembre de 2018

Las aguas bajo el Foro de la capital


El centro del imperio, el Foro de Roma, en el siglo VIII a.C. era un valle pantanoso. Hoy pretendemos desvelar, por lo menos en parte, que pasó entre esa extensión insalubre de terreno y el marmóreo Foro de época imperial.

El protagonista de hoy es el subsuelo del llamado Foro republicano, el más antiguo. Sin embargo, los misterios que esconde el corazón de Roma bajo las pisadas de los turistas son de toda índole: pozos, altares, corredores… historias de nobles y pobres. Hoy pasearemos por las oscuras arterias y venas del corazón de Roma.

Antes de entrar en materia, debemos tener en cuenta la cuestión geológica. La mayor parte del Lacio, así como las siete colinas, reposa sobre una fina capa de tierra cultivable sostenida por una gran masa de toba y antiquísimos restos volcánicos que acumulan toda el agua de lluvia, pero también la que corre por la superficie. Por ello, dicho valle era una zona cenagosa, a causa de su sustrato.

Puntualicemos también que cada uno de los enclaves que vamos a comentar podría merecer un artículo propio, pero hoy pretendemos entenderlos dentro de la globalidad del Foro.

El gran público, habitualmente maravillado por los monumentos y la historia del lugar, desconoce que este fue el sitio escogido para las necrópolis de las primeras poblaciones que ocupaban las colias Vedia, Palatina y del Capitolio, cuyo testimonio arqueológico podemos localizar todavía hoy al oeste de la fachada del templo de Antonio y Faustina. Hablamos de necrópolis anteriores a los primeros monarcas romanos, los lejanos tiempos de los pueblos Sabinos y Latinos.

La tradición nos cuenta que fue Numa Pompilio (753-674 a. C.), segundo rey de Roma, el primer monarca en establecerse en el lugar. Sin embargo, fue la dinastía Tarquinia la que pavimentó el suelo con cantos rodados por primera vez.




Los primeros desagües no debieron ser subterráneos, los cuniculi (que deben este nombre a las galerías de los conejos) eran simples zanjas descubiertas que dirigían la evacuación de aguas, de todo tipo, a los extremos de las zonas habitadas o de cultivo, obras que seguramente realizó Tarquinio el Antiguo, en el año 600 a.C. Hablamos de intentar redirigir el torrente del Velabro, torrente responsable del cenagal. Así se desecó la zona y nació la cloaca máxima de la creciente ciudad. De esta manera empezó a desvanecerse el aislamiento entre las aldeas de las colinas, y el valle pasó a ser un espacio de encuentro, para ello tuvo que trasladar las antiguas necrópolis. En ese momento la primitiva Roma tuvo al fin desagües.

La Cloaca maxima apareció aproximadamente en el año 520 a.C., cuando Tarquinio el Soberbio renovó las obras desde el centro de la ciudad, a lo largo de 800 metros, hasta el Tiber. La cubrió con piedras de toba o piedra de Estabias y ahondó aún más las instalaciones. Evitó así que los limos arrastrados por las corrientes y los mismos desechos de la ciudad colapsasen el sistema, inundando de inmundicia los pavimentos del Foro.


Pragmáticos como eran los antiguos romanos, estaban orgullosos también de este tipo de ingeniería. Plinio el Viejo llegó a escribir que no le asombraron los jardines colgantes de Tebas, porque él sabía que el centro de la ciudad eterna era atravesado cada día por un gran río. El mismo autor nos cuenta la enormidad de la obra de Tarquinio al comentar que este rey quiso que el tamaño de las galerías fuese tan enorme que en ellas pudiera transitar un carro cargado de heno hasta arriba. Otros textos nos contarían, siglos después, como el emperador Tiberio bajó a la Cloaca maxima a inspeccionarla navegando en una barca, y que conste que no creemos que la barca del emperador fuese precisamente muy pequeña.

Pero el Foro seguiría siendo un lugar maloliente hasta el año 272 a.C. cuando, entre las mejoras que proporcionó la construcción del Aqua Anio Vetus, por primera vez, empezaron a circular por su cloaca las aguas sobrantes desde el acueducto. ¿En qué mejora esto la instalación? En que a partir de este momento, este nuevo aporte de agua arrastra continuamente la suciedad que antes se acumulaba durante días, esperando a las siguientes lluvias o riadas. En el año 184 a.C. los censores abrieron nuevas galerías bajo el Aventino, y repararon y limpiaron las más antiguas. Tras los desastres de la República, fueron restauradas por Agripa en el año 33 d.C. La zona bajo el Foro Boario fue especialmente dificultosa pues, para que el sistema funcionase, tuvo que desviar el curso de siete ríos hacia las cloacas para garantizar el continuo flujo de inmundicias.

Desde los tiempos de Augusto, Roma contó con una mayor red de cloacas que saneaba también la zona del campo de Marte y de los Foros imperiales. Por tanto, los millares de habitantes del resto de la ciudad sufrían la pestilencia y la falta de salubridad que imponía el drenaje a nivel de calle de las aguas negras.

Cloacina


La Vía Sacra, el gran recorrido que cruzaba el Foro de oeste a este. Donde sonaron las calcei de Julio César pero también las caligae legionarias en sus desfiles triunfales. Todos siempre en dirección al Capitolio. En este recorrido, pero lejos de tan fastuosos momentos, empiezan nuestros puntos de interés. Concretamente, frente a la basílica Emilia, frente a su tercera puerta y al lado de las tabernae novae, o tiendas nuevas, adosadas al gran edificio. Allí, todavía hoy pueden atisbarse los restos de un pozo de agua procedente del Velabro.

Sobre el pozo se levantaba una estructura circular, un templete dedicado a Venus Cloacina, un aspecto poco conocido de esta diosa relacionado con la purificación (debido a un sincretismo con la divinidad etrusca Cloacina). La tradición reconoce este punto como el lugar donde finalizó el enfrentamiento entre Latinos y Sabinos tras el rapto de las mujeres de estos. Aquí es donde las leyendas sitúan la purificación con ramas de mirto que aquellas utilizaron para dar por zanjado el asunto. Todo ello, obviamente, es anterior a la gran Cloaca maxima, que pasaría ciertamente muy cerca, pero que todavía se desconoce si está conectada. Algunas monedas nos muestran este pequeño monumento como un altar con dos estatuas. Su culto estaba tradicionalmente vinculado al rey Tito Tacio y el antiguo curso del Velabro.

Lacus curtius


Situados ya a la derecha de la famosa columna de Focas, podemos ver todavía hoy una estructura circular con tejadillo que oculta el brocal del antiguo Lacus Curtius. A su lado podemos ver una copia del relieve original griego hallado en el lugar, único testimonio del muro que lo rodeaba. Dicho relieve representa a un militar a caballo (el original ahora está ubicado en Los Museos Capitolinos). En su lado occidental se erigen 2 de los 3 altares votivos originales, o quizás bases de estatuas.

La leyenda cuenta que se abrió una horrible sima en este lugar que parecía no tener fondo y amenazaba con tragarse la ciudad, pues engullía toda ofrenda sin parecer tener fondo. Varrón y Tito Livio nos narran cómo un oráculo advirtió que la fosa no se cerraría hasta que Roma sacrificase lo mejor que tenía. Marco de la gens Curcia, comprendió que el valor y la juventud de Roma eran el mayor de los tesoros y, engalanado para la guerra, montado en el mejor de sus caballos, se lanzó directo a la oscuridad para lograr cerrarla. Este sacrificio encaja muy bien en la mentalidad romana de la guerra y el acto de devotio, con el que un militar ofrecía su propia vida en favor de su causa y de su gente. Se trata, sin duda, de una historia muy antigua, pues existen distintas versiones. Otra versión nos habla del noble sabino Mettius Curtius, que fue tragado por este pantano mientras luchaba contra el mismísimo Rómulo.



Como curiosidad, y quizás relacionado con esta última historia, sabed que en tiempos de Augusto los transeúntes lanzaban monedas a su interior para atraer a la dama Fortuna.






La fuente Juturna


Manantial inmemorial de agua potable procedente de Palatino, dedicado a la ninfa latina Juturna, esposa del dios Jano, hija del río Voturno. Celebre ninfa de la buena salud y madre de esta fuente.

Esta fuente se hizo famosa y dio pie un templo icónico todavía hoy al sureste del Foro, el templo de Cástor y Pólux. Cuenta la leyenda que, tras la exitosa batalla del lago Regilo, todavía en época de la monarquía, Roma conoció la victoria por la voz de dos jóvenes que, con nobles y vistosas capas rojas, abrevaban a sus excelentes corceles en este lugar. La leyenda los identifica como los Dioscuros, los gemelos míticos Cástor y Pólux, a quienes está dedicado el templo situado al lado del reformado templete conocido como Lacus Iuturnae, que contaría con un templete propio.

Templete de Juturna. Reconstrucción (1953-55)
El templete que observamos es una reconstrucción tras el incendio del 283 d.C., usando materiales del conjunto original. En un arquitrabe todavía podemos apreciar la inscripción IVTVRNAE S que podríamos concluir como IVTVRNAE SACRUM, consagrado a Juturna. Frente a este pequeño monumento se encuentra una copia de una fuente de mármol cubierta de dedicatorias a Juturna por parte de un magistrado urbano del año 20 a.C.

A 10 metros al norte, y alineado con el templo de Cástor y Pólux, se encuentra el estanque en el que los hermanos gemelos abrevaron sus caballos tras la batalla. Dicho estanque fue probablemente monumentalizado en el 168 a.C. por L. Emilio Paulo, quien lo decoró con las dos estatuas de mármol de los Dioscuros sujetando sus Caballos (ahora en el museo Antiquarium Forense). En sus inicios, el estanque era rectangular, de 7’5 x 9 m. y revestido simplemente con hormigón resistente al agua con un borde de toba.

A finales del siglo II a.C. los lados largos fueron acortados para formar un cuadrado y se construyó un pedestal en el centro, que seguramente sujetaba un grupo escultórico.

En una tercera fase, dentro de los cambios ejecutados en el templo de los Dioscuros por Tiberio en el año 6 d. C., el estanque fue reducido a unos 5 m. de lado con un reborde de mármol blanco.

Muchas más aguas subterráneas, limpias y sucias, circulaban por el Foro, si no ¿cómo se alimentaban los jardines del templo de Vesta o se cubrían las necesidades de la Regia? Entre otros. Seguramente un estudio profundo de las fuentes de la época nos ayudaría a ampliar este artículo, pero tampoco creo que fuese de mucho interés ya que la arqueología, solo preocupada por estos temas desde hace pocos años, no nos daría muchas respuestas.

Reconstrucción ideal de la casa de las Vestales.

BIBLIOGRAFÍA

 

 

dijous, 5 d’octubre de 2017

¿Los romanos despreciaban a los druidas?



Es posible detectar un claro cambio de tono en las actitudes hacia los druidas entre los textos del s. I a.C.  y los del s. I d.C. Estos últimos cronistas son mucho más negativos, combinando la hostilidad y el desprecio.  César, Diodoro y Estrabón reflejan interés en las prácticas y enseñanzas druídicas, aunque con cierto matiz de desaprobación hacia lo que creían un comportamiento chocante, especialmente en lo que se refería al sacrificio humano. Pero Plinio, Suetonio, Tácito y Lucano hablan de los druidas con repugnancia, refiriéndose a ellos como personas toscas y salvajes. En su Vida de Claudio, Suetonio alude a la “religión bárbara e inhumana de los druidas”. Lucano hace una referencia a su “religión malévola”. Plinio insinúa de forma misteriosa actos tan atroces como el canibalismo ritual.


El cambio de tono presente en las crónicas del siglo I d.C. refleja
tanto un declive interno del prestigio de los druidas como la actitud de los romanos hacia la Galia, ahora una provincia recién conquistada. Ya no se percibía a los druidas como una curiosidad que despertara interés, sino como una amenaza para el mundo civilizado, del qua la Galia se había convertido en parte y ahora había que proteger. Pero se podría mantener que, incluso a mediados del s. I a.C., la influencia de los druidas ya estaba menguando: la sociedad gala (y quizás también la británica) estaba en proceso de cambio y se acercaba al sistema romano; algunos regímenes de gobierno estaban pasando a ser magistraturas, en vez de (su tradicional sistema) de estructuras monárquicas.


TEXTO EXTRAIDO DE:
MIRANDA J. GREEN; El mundo de los celtas. Akal grandes temas, 2010. pág. 52.)