dissabte, 23 de febrer de 2013

Badalona romana




 Baetulo nació en el s. I aC. con más de medio siglo de ventaja de la que será conocida como la principal ciudad de la Layetania en la Hispania Citerior, Barcino. Podemos definir la primera Badalona como una pequeña ciudad amurallada de unas 11 hectáreas de superficie y quizás unos 3.000 habitantes. Se levantó de la nada sobre una fuerte pendiente muy cercana al mar, como es normal en las ciudades romanas de la zona, ya que dependían del comercio marítimo. Esta pendiente obligó a escalonar todas las calles que corrían paralelas a la playa, como el cardo máximo, vía principal que quizás seguía el trazado de la Vía Augusta en su recorrido desde Barcino hacia Iluro (Mataró). A simple vista ya se apreciaba como una ciudad escalonada desde el puerto de fondeo, ya desde ahí se podía apreciar que la plaza del foro se situaba más cerca del mar de lo habitual. Como nos cuenta Vitrubio, esta situación es propia de las ciudades que dependen del comercio marítimo, con el fin de facilitar el comercio acercando la principal área de comercio a la zona portuaria.


El barrio bajo es visitable en el subsuelo del Museu Municipal de Badalona en una extensión de 3.400 m2, una de las más grandes de Europa. En ella se pueden apreciar, entre otros elementos, los baños públicos, varios tipos de comercios y talleres, un monumento funerario, dos casas de diferentes estatus, así como el trazado de la ciudad y de sus cloacas. Pero la Badalona del s. XXI cuenta con otros espacios museizados fuera del recinto del museo, entre los cuales destaca la Casa dels Dofins, hogar de una acaudalada familia romana de finales del s I. Esta domus, con una extensión original de 400 a 700 m2, cuenta con una amplia zona noble, pero también con los restos del área de trabajo donde los esclavos y trabajadores producían aproximadamente 9.000 litros de vino, producto característico de la zona.

La zona a la cual nos referimos es el territorium de Baetulo, que se extendía desde el Baetulo Flumen (Río Besós) hasta el actual término municipal de Teià. Toda esta amplia zona fuera de las murallas eran tierras a explotar básicamente por la viticultura, como testimonian los restos arqueológicos de villas como la de Ca l’Alemany, apreciables incluso hoy en el paisaje de montaña.

La explotación vitivinícola fue un puntal para la economía de los baetuloneses y fue su comercio desde la plaza del foro lo que enriqueció la ciudad e hizo posible, seguramente, la enormidad de la Casa del Dofins. El vino producido aquí y sus ánforas marcadas se vendieron no sólo en el Mediterráneo, sino en el interior de Europa, como nos cuentan historiadores como Pomponio Mela o Plinio el Viejo, afirmaciones comprobadas arqueológicamente gracias a las ánforas que Marcus Porcius llegó a vender en Inglaterra y Alemania.

Durante los cinco siglos que duró el Imperio romano, el vino layetano alimentó a millones de personas. Para ello, se necesitaban grandes explotaciones, como la cella vinaria que encontramos actualmente en el término municipal de Teià (municipio que forma parte de la actual denominación de origen Alella) que, como ya hemos comentado antes, formaría parte de Baetulo. En este desconocido yacimiento de 3.000 m2 se dan a conocer todos los secretos de la producción de este vino y el nacimiento de nuestra cultura enológica. Al recorrer sus restos y observar sus prensas reconstruidas, se pueden reconocer las palabras de Marco Poncio Catón cuando hablaba de añadas de 400.000 litros. Tal producción, como es obvio, debía estar destinada a la exportación.

Sin embargo, en la historia, parece prevalecer Barcino sobre Baetulo. Esta segunda nació pequeña, pero creció gracias al control y a la explotación del territorio. La primera nació en el siglo I dC, pero ya fue importante por su estatus jurídico: era la Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino, fundada probablemente por la voluntad imperial de administrar un territorio controlado. La balanza favoreció a la capital administrativa, viendo desaparecer la ciudad de Baetulo en el s. IV al caer definitivamente el Imperio, pero su importancia había caído mucho antes, cuando desaparecieron los mercados marítimos que la habían enriquecido.





(Publicado originalmente en el blog lamagiadelaspalabras)

2 comentaris:

  1. Guau, no conocía tan en profundidad la historia de nuestra ciudad que me ha resultado muy interesante, gracias por la info.
    Un saludo cordial.

    ResponElimina
  2. Gracias buen hombre. Me gusta que las personas sean altruistas, así que un saludo y un abrazo por tu aportación a la cultura. Cuando tenía 15 años un anciano del taller-calderería de la calle La trilla me dijo que Aníbal pasó por Artigas, calle la Mina. Si es así ya dirás.
    Saludos de Mateu Andreu Ibáñez

    ResponElimina